Miércoles 2 Enero 2019

Palabra del día

Evangelio de Juan 1,19-28

Interrogatorios

Juan el Sumergidor es el más grande entre los profetas, los iluminados y los sabios, el más grande entre todos los nacidos de mujer de toda la historia de la humanidad, no obstante, para comprender algo de él, los dirigentes del pueblo tienen que organizar interrogatorios sobre él, es más, llegan a organizar un interrogatorio precisamente con él.
Jesús, el Hijo de Dios, cumple signos y milagros más allá de toda imaginación y evidencia humana, habla con una autoridad nunca antes oída, echa cada demonio, cura cada enfermedad, convierte los corazones al amor, resurge los muertos y no obstante, para saber algo de él, los dirigentes del templo y del pueblo tienen que organizar una serie de interrogatorios sin fin, para concluir con el último trágico interrogatorio de su condena a muerte. Interrogatorios y tribunales también para los primeros discípulos de Jesús, por cada milagro llevado a cabo por ellos, por su predicación, por su fe en Él. Interrogatorios siempre y en cualquier caso, para comprender y saber, para conocer e intentar comprender. Pero toda esta insanable necesidad de estructurar el conocimiento de una persona o de una realidad bajo forma de interrogatorios ¿De qué es índice? Si un marido tiene que interrogar a su esposa o viceversa para saber si algo no funciona en su relación de pareja ¿Qué índice es? Si un profesor tiene que interrogar a su alumno para saber que tan preparado está en aquella materia ¿Qué índice es? Si un maestro artesano tiene que interrogar a su discípulo para entender cuanto está aprendiendo de aquel oficio ¿Qué índice es? Si un catequista tiene que interrogar al catecúmeno para saber si está bien preparado en el conocimiento de la Palabra y para conocer la solidez de su fe ¿Qué índice es? Si un amigo tiene que interrogar al amigo para conocer la solidez de la confianza recíproca ¿Qué índice es? Es índice de escasa, limitada o nula inteligencia. Es índice de ausencia casi total de capacidades perceptivas e intuitivas. La mente que tiene la necesidad de interrogar para comprender, evidencia que el orgullo, el amor propio, el prejuicio, la vanagloria, la ambición han apagado toda vislumbre de capacidad de comprensión y han sancionado su pobreza y su incierto funcionamiento. La amiga más querida y fiel de la fe no es la religión, sino más bien la honestidad intelectual.