Domingo 6 Enero 2019

La Epifanía del Señor

Palabra del día
Evangelio de Mateo 2,1-12

Me alegro de alegría

Se llenaron de alegría, literalmente, "se alegraron de alegría grande fuertemente". Este versículo en el testo griego suena así: chàiro charàn megàlen sfòdra, "me alegro, gozo, estoy honrado de alegría grande fuertemente". El sustantivo charàn es el complemento directo interno de chàiro e indica "gozo, alegría" por lo cual se podría traducir también en: "gozo de goce, me honro de honor, me alegro de alegría"; chàiro, el verbo, expresa honor, obsequio real, adoración, sentimiento de paz, placer, satisfacción máxima y contento perfecto.
Frente a aquel niño acostado en los brazos de María, los Magos se postraron en adoración porque aquel niño es Dios, lo reconocen como Dios. Un gesto lleno de honor y devoción, respeto y temor sagrado. Este mismo gesto se ha repetido infinitamente, aunque en modalidades diferentes, a lo largo de toda la historia del hombre, frente a aquello que, en su momento, se consideraba la divinidad fuera ésta verdadera o presunta. Desde siempre, los hombres se postran frente a aquello que consideran la divinidad. Nada nuevo.
No, aquí hay todo nuevo. En esta escena se cuenta algo que no había ocurrido nunca. La humanidad siempre se ha postrado frente a aquello que consideraba ser la divinidad, siempre se ha postrado con temor, con reverencia, con devoción, con fervor sagrado, por miedo insinuado, por terror inveterado, por sentido del deber, por sentimiento de culpa, por miedo a las represalias, por piedad, por evolución espiritual, para implorar ayuda, auxilio, victoria, curación, protección. Pero nunca jamás había ocurrido que la adoración, la postración a la divinidad, coincidiera como para los Magos con la alegría, alegría inconmensurable, sin miedo, sin terror, sin sentidos de culpa y miedos.
Aquí todo ha cambiado y para siempre. Los Magos se postran frente al niño Jesús-Dios y por primera vez no experimentan miedo, sino solamente alegría. Es más el testo griego destaca y dice: se alegraron de alegría grande fuertemente. ¿Por qué? Porque los Magos perciben que aquél niño no es solo Dios, el mismo Dios, sino que es también e ilimitadamente el Dios de la paz y de la compasión, de la gracia y de la belleza, del amor sin fin. Aquel niño es el Omnipotente por su omnipotente misericordia y apaciguante presencia amorosa. Es el Cordero dulcísimo de Dios. ¿Cómo no podemos alegrarnos entonces, con todas las fuerzas, para siempre, postrados amorosamente frente a Él?