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Lunes 7 Enero 2019

Palabra del día

Evangelio de Mateo 4,12-17.23-25

Sanar todo

Jesús sana todas las enfermedades y dolencias. El término griego nòsos, "enfermedad, dolencia", se puede traducir también con "mal, daño"; Jesús sana todo el mal y a todos los enfermos porque conoce, como ningún otro, el verdadero origen del mal y de la enfermedad.
Le llevaban a todos los enfermos. El texto evangélico dona una luz extraordinaria sobre el origen de la enfermedad, y lo hace específicamente a través del término "enfermo", ècho kakòs en griego. El verbo ècho es el verbo del poseer, del tener apretado en la mano, del tener firme, por lo tanto incluso del retener a través del pensamiento, del opinar, del considerar; el adverbio kakòs, unido a él, significa literalmente "malamente, míseramente, con tuerto, con malicia, de manera nociva, peligrosa, dañina, perjudicial, malvada". Se podría por lo tanto traducir la palabra "enfermos" echòntes kakòs con "aquellos que retienen malamente con el pensamiento", "los que retienen con malicia, de mala manera".
Es una fuente incalculable de sabiduría este retener malamente, y lo es, aún más, este retener malamente con el pensamiento.
La enfermedad, las desarmonías del hombre derivan de su capacidad de retener malamente, de manera consciente o menos, dentro de sí mismo los eventos de la vida y de la incapacidad de liberarse del mal, que a menudo no se reconoce como mal proveniente del propio interior. Retener pensamientos de ira es retener malamente dentro de sí mismo, retener pensamientos de celos es retener malamente dentro, retener deseos de venganza es retener malamente dentro de sí mismo. Retener la tensión de la competición es retener malamente dentro de sí mismo. Retener dentro palabras de juicio y de condena para consigo mismo y para con los demás es retener malamente dentro de sí mismo. Retener ira furibunda, molestia aguda, descontento íntimo, decepción severa es retener malamente dentro de sí. Retener malamente dentro de sí, es un modo perfecto para retener el mal dentro de sí mismo.
Hay sólo un modo en el mundo para liberar la mente, el corazón, el alma y el cuerpo de este peligroso envenenamiento tóxico provocado por el retener el mal en todas sus formas. Hay sólo una manera para no retener el mal dentro de sí mismo y no es haciéndolo explotar en la violencia o en la ira, sino disolviendolo en el perdón. El perdón que se pide de rodillas ante Dios por cada falta de amor dejando que nuestras faltas se vayan para siempre y el perdón que se ofrece a nuestros semejantes por las faltas de amor que hemos padecido y sufrido, dejando que el mal que nos hicieron se vaya para siempre. El perdón libera de la posesión del mal, nos desata del retener el mal adentro y conduce a la curación. No existe desarmonía y sufrimiento que no se origine por una actitud de falta de perdón, y no existe desarmonía y sufrimiento que no pueda encontrar curación en la actitud del perdón. El perdón disuelve los ácidos venenosos y tóxicos del retener malamente dentro de sí. Perdón es dejar ir con amor y gratitud lo que en realidad la vida, el enemigo, el evento nos han quitado ya. Perdonar es soltar los apegos que nunca hubiéramos querido que nos aferraran y golpearan.
Jesús sana a todos y sana todo porque, conociendo el origen de las desarmonías humanas antes y mejor que cualquier otra persona, en el perdón y en la compasión indica la senda que libera el corazón del poseer y del retener malamente dentro de sí mismo.