Viernes 11 Enero 2019

Palabra del día

Evangelio de Lucas 5,12-16

Si quieres

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Tres verbos en una única invocación, tres verbos a escandir una petición de sanación: “querer”, “poder”, “sanar/purificar”. Thèlo, dýnamai, katharìzo.
Thèlo, el verbo de la disponibilidad, del desear, del experimentar placer, del experimentar deleite hacia algo o alguien, de la decisión y de la firme determinación. El conjuntivo eventual thèles, “si quieres, si lo deseas”, acompañado por el indicativo presente, “puedes sanarme”, indica que, si la acción se verifica, la consecuencia es considerada cierta. Esta invocación, característica de los que piden a Jesús, denota una conciencia muy precisa y amplia. No hay ninguna duda sobre la potencia sanadora de Jesús y ni siquiera sobre la divinidad de su persona, la única incertidumbre eventualmente es sobre el deseo, sobre la voluntad de Jesús de sanar. Jesús no sólo confirmará el propio deseo y la propia voluntad de sanar a todos, sino confiará nada menos que al deseo de quien pide, la fuerza y la potencia de la sanación.
Dýnamai, el verbo del poder, del estar en condiciones de, del tener la capacidad. Del tema dyna- se forma el nombre dýnamis, “fuerza”, con la acepción originaria de “capacidad, idoneidad”. La figura de Jesús en los evangelios imprime a esta palabra una connotación bien especial: Jesús, como Mesías profetizado, fue definido dotado de espíritu de fortaleza, héroe poderoso, pastor que apacentará en la fuerza, que extenderá la vara de su potencia en contra del mal. El Mesías es esperado como un soberano dotado de esta fuerza. Es el Poderoso, Jesús es visto y vivido como lleno de potencia.
El verbo katharìzo está al infinitivo aoristo, un sistema verbal de la lengua griega que indica simplemente la acción, prescindiendo de las categorías del tiempo y de la duración: la acción tiene una validez en el presente, en el pasado y en el futuro; un más allá del tiempo correspondiente a un proyecto, a un programa estable por siempre. Ya que kàtharos quiere decir “fuente pura”, el verbo katharìzo tiene el significado literal de “ser puro”. Jesús dice: vuélvete puro, vuélvete ti mismo, vuelve a tu fuente. Toda la sanación, cada sanación es una cuestión de retorno a la fuente, un regreso a sí mismo. La sanación es siempre y en absoluto una cuestión de regreso a sí mismo, al sí divino creado por Dios a su imagen y semejanza. No existe sanación del corazón y de la mente, del alma y de la carne, si no a través de la vuelta a sí mismo. Aquello que, debajo de la influencia de las expectativas de los demás, aparece al hombre un camino de evolución, un proceso necesario para construir el propio ego, se transforma en cambio en una conjura cruel que lo empuja mortalmente afuera de sí y lejos de Dios. Lejos de la divina fuente interior y de su Creador, al hombre no quedan que dos caminos practicables para sobrevivir: satisfacer a los demás y la competición. Satisfacer a los demás antes o después desemboca necesariamente en la imitación y en la sumisión, en la esclavitud, en la resignación, en el victimismo. Luego la competición no tiene otro objetivo que dividir a las personas, a los grupos humanos, a los pueblos en vencedores y vencidos. Es perfectamente fisiológico que la competición a un cierto punto se transforme en conflicto, lucha, violencia, guerra, destrucción. Aplastados por la tensión del satisfacer a los demás y por la competición, la primera dimensión divina que se va es la alegría del vivir, y la tristeza y la inedia se vuelven un estado del alma del todo normal y aceptable, porque común. A este punto no hay problema tan terrible, no hay mezcla de malestar tan insoportable, no hay error tan grave, que no se pueda añadir también una buena dosis de sentidos de culpa y hacer devenir todo aun peor. En este estado de las cosas también nuestro cerebro probablemente no logrará producir electricidad y química tan limpias y sanas, entonces tal vez  no es del todo casual y accidental que una persona después de muchos años de este sufrimiento interior pueda empezar a manifestar una cierta discontinuidad emotiva, o bien alguna obsesión compulsiva, degeneraciones sensoriales y mentales, creaciones de identidades esquizofrénicas, desarmonías y molestias físicas de toda clase. He aquí porque el Poderoso, Jesús, inicia su sanación desde adentro. La sanación está al alcance de manos y de fe, a condición de tener el coraje invencible y el amor de volver a sí mismo. Sanar es un viaje de regreso hacia la aceptación agradecida y amante del presente como escuela absoluta y divina de humildad para aprender a amar, nunca sometidos y resignados a las expectativas y al poder de los otros. Es un viaje de regreso hacia Dios, hacia el reconocimiento, el conocimiento y la adherencia a los deseos que Dios tiene por nosotros. Es un viaje de purificación y no de sacrificio, de misericordia y no de sentidos de culpa, donde la misericordia a pedir a Dios, por toda la rabia y la contrariedad experimentados en una vida, y el perdón para ofrecer a los otros, por las heridas que nos han inferido, son etapas y metas imprescindibles. No se puede sanar de nada si no se regresa a la fuente de nuestro ser, de nuestros verdaderos deseos, de nuestras verdaderas aspiraciones e inspiraciones, de nuestro verdadero yo creado y deseado por Dios antes y más allá de cualquier otra autoridad y expectativa humana.

 

Nota para el lector
La reflexión Si quieres es extraída de la obra Shiloh, CD y libro, Paolo Spoladore, Ed. Usiogope, Venecia, 2009, pp. 234-236.