Sábado 2 Febrero 2019

La Presentación del Señor

Palabra del día
Evangelio de Lucas 2,22-40

Anthomologhèomai

Rezar, alabar, cantar Dios es la realidad más poderosa en tierra y en cielo. Quien reza con amor y fuerza y con un poco de fidelidad podrá asistir, en el sentido bello del término, al fin del mundo en su propia vida, podrá experimentar cosas inauditas, potencias desconocidas, inteligencias no alcanzables. ¿Por qué? Porque rezar, cantar adorando y adorar cantando es unirse, unirse a Dios. Ana, la bellísima abuela profetisa, toma en brazos a Jesús y a él se estrecha de la manera más potente posible para un hombre, alabando. Se puso a dar gracias a Dios: el verbo es anthomologhèomai, generalmente traducido con "alabo, agradezco, confieso". Formado por el prefijo antì, “a mi vez”, unido al verbo omologhèo, “estoy de acuerdo, reconozco”, anthomologhèomai significa literalmente "estoy de acuerdo, me pongo de acuerdo, me uno, hago un pacto, correspondo". Rezar, alabar, adorar es una acción potentísima: permite al corazón humano unirse a Dios y a su divina energía y al mismo tiempo separarse de todas las alianzas humanas que no tienen otro objetivo satánico que dividir al hombre de sí mismo, de los otros, de la creación, de Dios.
Rezar es unir, es unirse. Rezar es la oposición más potente que exista a toda clase de división y separación.