Lunes 4 Febrero 2019

Cuarta semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Marcos 5,1-20

Poseer

El objetivo de Satanás es uno: poseer.
Para llegar a poseer una realidad es necesario separar esa realidad de su fuente o hacer que esa realidad se separe por sí sola de su fuente originaria que, para todos y para cada cosa, es el amor de Dios.
Para separar una realidad de su fuente se necesita actuar contemporáneamente sobre dos frentes. Primero, Satanás debe hacer de todo para que no se le pueda reconocer, debe hacer creer, de cualquier modo, que él no está, que no existe. Segundo, debe hacer de todo para que Dios no sea reconocido ni conocido, debe hacer creer, de cualquier modo, que Dios no está, que no existe. El que no se le pueda reconocer, el hacer creer a todos que él no existe, le permite a Satanás actuar con facilidad y comodidad a favor de toda forma de división y separación del hombre de sí mismo, de la creación y de los hermanos. Hacer creer, por el contrario, que Dios no existe, le permite alejar a los hombres de la fuente, creando así las suposiciones para que el hombre se separe, se aleje de sí mismo y de su fuente divina. Satanás, para lograr su objetivo, tiene que absolutamente y siempre dedicar todas sus energías a estas dos vertientes, contemporaneamente. Una vez obtenida de esta manera la separación del hombre de sí mismo, de los otros, de Dios, he aquí que el hombre, la humanidad, el mundo están listos para ser poseídos, para ser tomados e invadidos completamente.
Jesús llega a una ciudad y en un instante libera a un hombre del poseso de Satanás, de todo este proceso perverso de destrucción; Jesús quisiera liberar también a la ciudad entera de las espirales del maligno, pero no puede, simplemente porque la ciudad no quiere, tiene miedo.
La gente no tiene miedo de Jesús en sí, tiene miedo más bien que, aceptando a Jesús, se vea obligada a aceptar el hecho que Dios existe y Satanás existe. Tiene miedo que esta conciencia conduzca a una mutación interior sin precedentes, tiene miedo de tener que elegir, de tener que despertarse del engaño y considerar perspectivas nuevas para la inteligencia y para la vida.