Miércoles 2 Septiembre 2020

Vigésimosegunda semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 4,38-44

Jerarquía

Comúnmente los milagros son considerados como una manifestación de lo sobrenatural, eventos, fenómenos, hechos sensibles, extraordinarios durante los cuales las leyes de la naturaleza se doblegan, obedecen a fuerzas superiores, divinas. El término milagro deriva del latín miràri, que tiene el significado de ser profundamente maravillado, asombrado por algo que supera el orden de la naturaleza. Según el texto evangélico, ¿qué es un milagro? ¿Cómo ocurre y por qué Jesús lo cumple? El texto dice, ordenó a la fiebre. Jesús ordena a la fiebre como se ordena a la propia mano, a un subordinado, a un dependiente, a un subalterno, y en esta intimación, en esta orden no hay signo de cansancio, rastro de conflicto, demostración de fuerza, margen de oposición. Jesús muestra que todo vive según una jerarquía energética y la energía de su voz es jerárquicamente más elevada que la energía de la fiebre. A la fiebre no queda otra posibilidad que obedecer.
¿Qué ordena Jesús a la fiebre? Dice el texto: la fiebre la dejó, y del resultado se intuye que Jesús ordena a la fiebre irse de aquella persona. La fiebre recibe una orden y de inmediato la ejecuta. La fiebre es tratada por Jesús como un ser viviente, como una entidad independiente, en condiciones de entender y de querer, por lo tanto capaz de recibir una orden y de ejecutarla. Jesús trata de esta manera cada realidad de la naturaleza, sea el viento, el pan, las piernas, los ojos, los órganos del cuerpo, a los cuales habla y ordena para actuar lo que el hombre define como milagros. También en los textos bíblicos, sobre todo en los salmos, se habla de las estrellas, de los mares, de las montañas, de las galaxias, del sol, de los árboles y de los animales como de entidades energéticas vivientes que viven en perfecta armonía y belleza, porque, como seres capaces de entender y comprender, son capaces de escuchar la Palabra de Dios y de obedecer exactamente a sus órdenes, según una jerarquía energética perfectamente establecida. Jesús afirma y revela en Mateo 17,20:  si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes, y así en Lucas 17,6: si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería. Esto significa que el hombre, en el orden jerárquico de las energías creadas, está a una nivel tal que, si estubiera en el amor y en la luz de Dios, podría dar órdenes a cualquier energía de la naturaleza, y esta no podría que obedecer. Cuando esta generación se evolucionará y se ejercitará más en el amor que en la posesión, más en el don que en el provecho, más en la gratuidad que en el prestigio, entonces podrá comprender lo que Jesús entendía cuando nos ha revelado: nada sería imposible para ustedes. Jesús revela algo absolutamente estupendo, si bien todavía no concebido por nuestra psique, revela algo completamente nuevo y maravillosamente funcionante, porque es según las leyes mismas de las cuales Jesús es el Señor. Jesús afirma que si tuviéramos un poco de fe verdadera, si estubiéramos en un estado de amor y energía elevados, podríamos dar órdenes a cualquier realidad natural y energética, y esta no podría hacer otra cosa que obedecer. Jesús nos revela que si nos eleváramos un poco de la ignorancia de nuestras creencias y convicciones humanas y nos encomendáramos a él y a su sabiduría, podríamos usar con éxito la ley de las jerarquías energéticas para vivir una vida maravillosa, sana y en la felicidad.
Jesús que ordena a la fiebre de irse, ¿cumple entonces un milagro, una cosa extraordinaria? En realidad, según la ley de las jerarquías energéticas y espirituales por él conocidas, Jesús no doblega las leyes de la naturaleza, sino que las usa como nosotros aún no podemos imaginar, ejecuta un preciso procedimiento de re-armonización, un procedimiento que él amaría tanto que aprendiéramos, para vivir sanos, felices, en paz y en armonía con todos y con todo. Cierto que Jesús puede usar estas leyes de manera perfecta y absoluta, porque son sus leyes, él las ha creado, pero desea con todo sí mismo que aprendamos a usarlas también nosotros, para el verdadero bien de todo el hombre y de todos los hombres. De hecho esta es la primera capacidad, el primer poder que dona a sus discípulos, a los que envía para hacer conocer a la humanidad los procedimientos evangélicos. Los envía capaces, por potencia de Espíritu Paráclito, de usar las jerarquías energéticas para sanar toda enfermedad, para expulsar a los demonios e incluso para resurgir a los muertos. Toda vez que Jesús cumple un milagro, no lo hace para demostrar cuanto él es potente, sino para revelarnos como, junto a él, todo podría funcionar, si nos eleváramos a un estado de consciencia superior, según la ley dominante de las jerarquías energéticas y espirituales que Dios ha creado.
¿Es más noble, majestuoso, inteligente, respetuoso de Dios y de su amor considerar que los milagros de Jesús son momentos en los cuales Jesús supera, doblega, derriba las leyes naturales en ventaja del hombre, o es más noble, majestuoso, inteligente, respetuoso de Dios y de su amor considerar que los milagros son los momentos en los cuales Jesús revela al hombre como todas las energías de la creación, bajo cualquier forma se presenten, respetan las leyes de las jerarquías energéticas? El milagro, ¿es un momento de desorden, en el cual Dios doblega las leyes de la naturaleza para superar un problema, o es un momento de orden supremo, la acción que todo re-armoniza, según las leyes dominantes que Dios ha predispuesto para la armonía de todas las cosas? El milagro obviamente es un momento de orden, de re-armonización, de reajuste según las leyes de como todo debería funcionar, si viviéramos en el amor y en la luz de Dios. La fiebre no obedece sólo a Jesús sólo para irse, la fiebre ha sido obediente también con la suegra de Pedro, ha llegado obediente cuando ella la ha llamada a sí. La suegra de Pedro no estaría a la merced de la fiebre, si la fiebre no hubiera recibido de alguna manera la orden por parte de la misma mujer de depredarla de su salud. Jesús, para sanar aquella mujer, usa el mismo mecanismo usado por la mujer para enfermarse, usa una orden, un mandato dado con fuerza y potencia, sin discusiones, según la jerarquía energética. La mujer, para enfermarse, ha dado a sí misma una orden de desorden, de no amor, y la fiebre no ha podido que obedecer. Jesús para sanar la mujer da una orden en sentido inverso, una orden de armonía, de amor, de re-equilibrio y la fiebre no puede que obedecer. A la mente de este generación, involuta y ciega, crea asombro y maravilla asistir a la sanación de la suegra de Pedro, ver como la fiebre es vencida y como la mujer vuelve a la salud. A esta generación, involuta y ciega, no crea para nada asombro, maravilla y agradecimiento, descubrir como también la suegra de Pedro, aun sin saberlo, ha usado la ley de las jerarquías energéticas para caer en la fiebre. Ha usado la ley según la cual a cada orden impartido por el diálogo interior del hombre corresponde una total obediencia de todas las energías de las cuales él esta hecho y compuesto. Según la ley de las jerarquías energéticas, el hombre no puede vivir desarmonía, si en su íntimo dialogo interior no ordena desarmonía, y puede vivir armonía, si en su íntimo dialogo interior ordena armonía. El verdadero milagro de Jesús es revelarnos que podemos dar órdenes a nuestra vida de desorden y de rencor, de sed de venganza y posesión, en el miedo y en la rabia, en la decepción y en la condena de sí y de los demás y nuestra vida y nuestra persona, en todas las energías de las cuales está compuesta, nos obedecerá, nos seguirá sin objetar. El verdadero milagro de Jesús es revelarnos que podemos dar órdenes a nuestra vida de armonía y de perdón, de comprensión y de aceptación agradecida de la realidad, en la confianza en Dios y en la gratitud plena, en la paz y en el amor de sí y de los demás, y nuestra vida y nuestra persona, en todas las energías de las cuales está compuesta, nos obedecerá, nos seguirá sin objetar. Esto es maravilloso. Comprender esto es el milagro.