Sábado 5 Septiembre 2020

Vigésimosegunda  semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 6,1-5

 

Ley y Amor

La ley puede ordenar de matar, el amor no. La ley puede ordenar de matarte, el amor no. La ley puede acusarte en un tribunal y meterte en la cárcel, el amor no. La ley puede meterte en la hoguera, el amor no. La ley distingue, separa, divide, el amor no. La ley puede declarar guerra, el amor no. La ley puede entrar en guerra, el amor no. La ley establece lo lícito y lo ilícito desde afuera, el amor lo siente desde adentro. La ley golpea y bloquea, el amor acompaña y hace crecer. La ley para curar golpea y hiere, el amor para curar comprende y perdona. La ley es humana, el amor es divino. La ley nunca es igual para todos, absolutamente nunca, y ni siquiera el amor. La ley nunca es igual para todos por cálculo, el amor es incalculable soberana sobreabundancia. La ley es ciega y sorda, el amor ve todo y cada cosa y siente más allá de todo sentir. La ley ha nacido para hacer miedo, el amor para vencer el miedo.
A la ley no interesa la justicia, no le interesa el culpable o el inocente, a la ley interesa el procedimiento. Al amor interesa la justicia y no conoce otro procedimiento que el perdón y la compartición en la unidad. La ley tiene en mano tu número de indentificación fiscal y tus datos, y más allá de toda dignidad y buen gusto puede hacer de ellos el uso que quiere, pero no te conoce, no sabe quien eres, el amor sí.
La ley no tiene rostro, para el amor un rostro hay siempre. La ley no protege la vida, ninguna vida, el amor sí. La ley no garantiza ninguna forma de felicidad, el amor sí. La ley se ha vuelto el dios sin rostro y sin nombre al cual los hombres se someten resignados y tristes como a la divinidad que les garantizará fortuna y protección.
No se puede amar, perdonar, tener compasión, tener pasión, enamorarse, dedicarse con todo el corazón, elegir por ley, no es posible. El Amor de Dios es la divinidad real a la cual los hombres se avergüenzan pertenecer y servir, pero es el verdadero Señor de todas las cosas, en el cual todo vive y al cual todo y cada cosa obedece.
La ley tiene sus servidores y también el amor. A través de sus servidores, la ley ha logrado llevar en tribunal hasta el Hijo de Dios y lo ha encontrado culpable. Para corregir, para legalizar Jesús, los servidores de la ley lo han torturado hasta arrancarle la piel y la carne a mordeduras de flagelo, para después clavarlo en un pedazo de leño y hacerlo morir de inedia y por asfixia.
Esto hace la ley. Esto hacen los servidores de la ley. La ley no conoce amor y el amor no conoce ley, excepto la ley del amor. La ley está conduciendo el hombre hacia la autodestrucción. También el Amor tiene sus servidores.