Martes 8 Septiembre 2020

Natividad de la Santísima Virgen María

Palabra del día
Evangelio de Mateo 1,1-16.18-23

Preparativos

No ha sido ni improvisa, ni improvisada. No ha sido ni inesperada, ni imprevista, ni mucho menos apresurada y presurosa. La de Immanuel, el Dios con nosotros, no se puede en absoluto decir que haya sido una visita improvisa, ni improvisada. No se puede en absoluto decir que la de Immanuel haya sido una visita a la humanidad caracterizada por preparativos sumarios y someros, superficiales, aproximativos. La visita de Immanuel a la tierra es fruto de un proyecto cósmico sin antecedentes. Todo en los multiversos creados se ha movido en millones de años, en preparación a esta visita de Jesús Dios a la tierra y a la humanidad. La visita de Immanuel a la tierra ha sido preparada y anunciada al mundo con determinación y precisión divinas. Escrita y perfectamente legible en el movimiento de las estrellas y en los libros sagrados de toda espiritualidad antigua, la visita de Jesús ha sido anunciada y profetizada con detallada precisión sobre todo entre las líneas de la Palabra revelada por excelencia, el Antiguo Testamento. Cuanto más la visita de Immanuel es una visita divina y celestial, más ha sido preparada en la excelencia y en la perfección, además que en el absoluto respeto de la libertad de los hombres, y por eso se ha presentado a los ojos de la mente y del corazón de la humanidad circunfusa de toda gracia y gloria, aunque de manera simple, apacible, amable, humilde, casi modesta.
La visita de Immanuel a la tierra, tan divinamente y amorosamente preparada y anunciada por los cielos, puede ser acogida como improvisa sólo por los ignorantes, inesperada sólo por los estúpidos, inútil sólo por los ilusos, inoportuna sólo por los arrogantes, puede ser entendida como peligrosa sólo por los soberbios, dañosa sólo por las jerarquías religiosas, inquietante sólo por los poderosos de la tierra. Quizás es por eso que aquel día, para celebrar el primer y supremo encuentro entre Jesús-Dios y la humanidad, en la lista de los invitados a la fiesta, en mano a los ángeles de Dios, no estaba el nombre de ningún representante de la religión hebrea, ningún nombre de jefe de los sacerdotes del templo, ningún nombre de anciano y dirigente del pueblo, ningún nombre de dirigente político; junto al nombre de María y de José, para el encuentro más extraordinario y sublime de toda la historia de la tierra, en la lista de los ángeles, sólo el nombre de humildes pastores de rebaños y de gente del pueblo, junto al nombre de algunos hombres de tierras lejanísimas, humildes buscadores de Dios de profundísima espiritualidad y sabiduría, los magos. Nadie, mejor que Dios sabe que no hay sobre la tierra rodillas listas para arrodillarse, en amorosa y gozosa adoración ante Dios, excepto las rodillas de los humildes y de los simples, de los hombres y de las mujeres que buscan a Dios en su corazón enamorado. No porque los simples tienen la mente más débil, sino porque tienen el corazón más grande y una visión espiritual sin prejuicios ni confines, como nos confirma Mateo 11,25.