Miércoles 16 Septiembre 2020

Vigésima cuarta  semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 7,31-35

Ojalá

Ojalá Jesús no fuera lo que es, el Hijo de Dios. Ojalá Jesús fuera un profeta, un iluminado, o incluso una fábula mitológica, una impostura religiosa, una invención devocional. Ojalá. Ojalá Jesús no fuera lo que es, el Hijo de Dios Altísimo encarnado que ha venido para visitar nuestra tierra y nuestra generación para liberarla del Maligno y llevarla a la luz del amor de Dios. Ojalá. Si Jesús no fuera lo que es significaría que debemos y podemos esperar algo más y alguien más, y por lo tanto que todavía hay tiempo. Si Jesús no es la cumbre de lo que nos podía ser donado del cielo para nuestra salvación, entonces debemos y podemos esperar algo más y algo mejor que él, pero si él es lo que dice ser, él es el último signo para esta generación humana, el último, el definitivo. En Jesús, a esta generación, ya ha sido dado todo, todo más allá del cual, otro, no hay, ni puede ser dado. Esto significa que, si esta generación no lo ha escuchado, no lo ha amado, no ha querido seguir sus procedimientos, algo más para esta gente no habrá.
Si Jesús es Jesús, y la humanidad no ha apreciado su presencia y su palabra, significa que esta generación ya no podrá, jamás, encontrar algo o alguien de su agrado que sea para la vida y provenga de la luz. En Jesús acaban las propuestas, las posibilidades, las indicaciones, las perspectivas, las opciones, el tiempo, las elecciones. Para esta generación sería mejor, mucho mejor, si Jesús no fuera lo que es, porque podría atestarse en la esperanzada y descarada espera de algo más, prolongando así el tiempo de sus negocios e intereses, de su devastadora pereza e ignorancia. Pero así no es, Jesús lo afirma claramente y sin posibles equívocos  "Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: "¡Ha perdido la cabeza!". Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!". Con estas palabras Jesús revela que, quien debía venir, ha venido. Ha venido Juan el Sumergidor, el profeta de los profetas, la voz severa que grita del desierto la llegada de la vía de la justicia, el asceta austero, el místico eremita más allá de cualquier posible imaginación humana, y esta generación lo ha juzgado un endemoniado, un hijo del mal, una aberración humana, un poseído del mal, un servidor del maligno. Ha venido Jesús, el Hijo de Dios, el santo de los santos, la Palabra, el pensamiento-logos de Dio hecho carne, la voz amable y amorosa que inspira y calienta el corazón de los hombres, y esta generación lo ha juzgado un voraz goliardesco tragón, un amante de las desenfrenadas parrandas placenteras. Ha bajado entre nosotros el Pan del cielo y el Vino celestial para llenar el cáliz de la nueva y eterna alianza, y de él esta generación ha dicho que se desmadraba con el pan de la tierra y se emborrachaba del vino de las cantinas. Ha venido Jesús, el apacible y humilde de corazón, el Cordero de Dios, el Pastor Bello, el Principio de todas las cosas, la Vida, la Verdad, la Vía, aquel que nos ha enseñado y revelado amor y compasión para el hombre, más allá de cualquier posible expectativa y espera, y esta generación lo ha definido Belcebú, el demonio en persona, el rey de los demonios que se excede con hombres y mujeres del hampa, tan estúpido que pasa su tiempo combatiendo a sí mismo, echando fuera los demonios de los hombres. Ha venido Jesús, ha bajado del cielo indefenso niño, ha anunciado toda belleza y sapiencia, ha curado cada enfermo, sanado todo corazón que deseaba ser sanado, ha liberado la humanidad del cabestro de la muerte y esta generación lo ha tratado como un tramposo malvado, y lo ha masacrado y eliminado como si él fuera un insulto para Dios. Por como esta generación, lunática, caprichosa, incoherente, ilógica, insaciablemente exigente, quejumbrosa, descontentadiza, ha tratado y sigue tratando a Jesús el Hijo del Padre, algunas dudas sobre sus reales capacidades intelectuales y de comprensión son legítimas.
Ojalá Jesús no fuera lo que es, el Hijo de Dios. Ojalá. Por lo menos esta generación podría no estar contenta de él porque está a la espera de otro, pero si esta generación no está contenta de Jesús, que es Dios, esta generación está descontentadiza simplemente porque no quiere, no quiere estar contenta. No quiere estar contenta, éste es el pecado de esta generación, ésta su condena, éste su infierno, éste su destino.