Jueves 17 Diciembre 2020

Ferias de Adviento

Palabra del día
Evangelio de Mateo 1,1-17

En el centro

En una generación humana, ¿cuántas cosas pueden pasar? ¿Cuántos encuentros y enfrentamientos? ¿Cuántas guerras, traiciones, obras, imperios, relaciones, golpes de mano? ¿Se puede prever qué puede suceder en una generación humana en su totalidad? ¿Se puede calcular a dónde puede llevar la miriada de causas y efectos? No podemos calcular, prever y conocer ni siquiera lo que se mueve en una jornada. Y sin embargo alguien sabe, lo ve todo y sabe cómo todo se conecta y se concatena en cada instante y en cualquier lugar.
Los cabellos están contados, los respiros, los latidos del corazón están contados. Nada es por casualidad, nunca. Jesús Dios está en el centro de todo. Jesús nace en el centro de una historia, en el centro de toda nuestra historia. Jesús está en el centro de las generaciones, nace hombre entre los hombres, después de miles de conexiones de sangre, pero en un sistema vital donde nada es nunca por casualidad, nada está perdido nunca, todo pertenece a la línea que marca el gran diseño. No hay mal, no hay bien que, aunque en la libertad o en el engaño del actuar humano, no sea reconducido, o al contrario, conducido de la mano, hasta el centro que es Jesús.
Desde Abrahán hasta David son catorce las generaciones, de David a la deportación a Babilonia catorce, desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Catorce es múltiplo de siete, el número siete es el símbolo del infinito, de la perfección divina: eso significa que todo, precisamente todo y siempre está en las manos de Dios. Cualquier cosa ocurra y se ate en el misterioso entrelazamiento de causa-efecto, todo está siempre en las manos de Dios.
Así como se amasa la masa del pan, Él, el Padre, en la potencia y fantasía del Santo Paráclito, puede amasar cada cosa como quiera y desee para que todo llegue al centro de la unidad. Y el centro es Jesús.