Viernes 18 Diciembre 2020

Ferias de Adviento

Palabra del día
Evangelio de Mateo 1,18-24

María

María, Miriam, es nombre semítico y egipcio, pero antes aún acadio. En egipcio se encuentran las formas mrjt, mry, “amada” y en semítico martu, “muchacha, princesa”, del acadio amarum, “ver, observar, examinar, proveer, juzgar”. El egipcio mry flanqueado por la palabra iam, que indica “Dios”, lleva a la etimología egipcia de Miriam, “amada por Dios”. Pero las interpretaciones de este nombre son numerosísimas, se piense, por ejemplo, a San Jerónimo que lo hizo derivar de las palabras hebreas mar, “gota” e yam, “mar”, en latino stilla maris, “gota del mar”, que luego ha sido transcrito como “estrella del mar”, una de las invocaciones a la Virgen. Se hace remontar este nombre también a otro término hebreo, marom, es decir “alteza”, o bien a morech, “maestra, señora”. Según los hebreos Miriam deriva de mar-iam, que viene a su vez de Marat aiam, “Señora de las aguas del mar”, así se llamaba la hermana de Moisés, que entonó el cántico para el pasaje del mar Rojo, mar de Juncos en hebreo.
María, la Grande Madre, la Madre del Señor Jesús, es la Señora de las aguas del mar, la Señora que nos hace pasar incólumes en medio de las aguas del mal, la Señora que entona el cántico nuevo del Magnificat. La Señora que acomoda dulcemente al pueblo en el mar de la misericordia de Dios, el mar del conocimiento, el mar del amor. Es la Señora del mar que acompaña las gentes a sumergirse con decisión y en la fiesta en el corazón de Jesús, el Immanuel, el Dios con nosotros. María, la Señora de las aguas, tiene prisa de vernos inmersos en la eternidad del Padre, del Hijo, del Santo Paráclito.