Sábado 19 Diciembre 2020

Ferias de Adviento

Palabra del día
Evangelio de Lucas 1,5-25

Diseño

Formamos parte de un inmenso y extraordinario diseño de Dios que, según su voluntad, es todo y en cada instante extendido al total bienestar y a la felicidad de los hombres y es, al mismo tiempo, siempre y completamente abierto y respetuoso de la libertad de la respuesta de ellos. Estar en el diseño de Dios y estar en la voluntad de Dios no es la misma cosa.
Gabriel, el arcángel que afirma de sí mismo: Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia, es parte del diseño de Dios y hace parte de la voluntad del Padre. La respuesta dudosa y casi irrespetuosa de Zacarías es parte del diseño de Dios, que prevé el respeto absoluto de cada libre respuesta del hombre, pero no es parte de la voluntad de Dios que jamás podría desear para el hombre una respuesta tan incierta y dudosa a un anuncio divino tan increíble y para la salvación de todo el cosmos. El volverse sordomudo de Zacarías no es una venganza de Dios, no es una punición, es una desarmonía que señala la en el hombre la dicotomía, la división entre el diseño divino y la voluntad divina. Zacarías, en su respuesta, hace parte ciertamente del diseño divino, que preve la libre respuesta del hombre, pero no hace parte de la voluntad de Dios. La armonía y la paz en el hombre ocurren cuando el hombre logra con amor hacer parte del diseño de Dios y a realizarlo según la voluntad de Dios.
Gestionar de forma armoniosa y justa los recursos de la tierra, para el bienestar de todos los hombres, es voluntad de Dios, pero entra a ser parte del diseño divino, por la increíble libertad donada al hombre, también la respuesta desarmónica e incorrecta del hombre que contamina el aire y el agua.
Jesús, el Hijo queridísimo, matado y masacrado sobre la cruz, entra a formar parte del diseño del Padre, pero no de su voluntad. De la misma manera, la enfermedad del hombre entra a hacer parte del diseño del Padre pero nunca jamás es fruto de su amorosa voluntad. Así es también para la muerte. La muerte es parte del inmenso diseño divino, de la libre respuesta del hombre, pero nunca, en absoluto, toma parte de la voluntad, del querer y del deseo divino. La Palabra de Dios sobre eso es clarísima e inequívoca. En Sabiduría 1,12-15 está escrito de hecho: No causéis la muerte con los errores de vuestra vida, no atraigáis la ruina con las obras de vuestras manos, porque Dios no ha creado la muerte y no goza para la ruina de los vivientes. En Sabiduría 1,12-15 está escrito: No busquen la muerte viviendo extraviadamente (con el error), ni se atraigan la ruina con las obras de sus manos. Porque Dios no ha hecho la muerte ni se complace en el perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal (traducción literal del texto griego). Y más el libro de la Sabiduría (2,24) dice: Por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo (traducción literal del texto griego).