Martes 29 Diciembre 2020

Dia 5° dentro de la octava de Navidad

Palabra del día
Evangelio de Lucas 2,22-35

Él, el Acostado, está aquí

Si la vía del amor es la vía de Dios, si el procedimiento para la felicidad según Jesús son las beatitudes, si el camino por donde el Espíritu Paráclito conduce el corazón a la vida es la vía del perdón, cualquier otro camino no es el camino de Dios, sino es el camino de otro, el camino del abismo infernal. En este mundo los procedimientos se han invertido: los procedimientos divinos son motivo de ridículo y persecución, son ignorados, los procedimientos de Satanás, en vez, se han transformado en vías maestras donde caminan, en la ignorancia y en la estupidez, culturas, políticas, ciencia, economías y relaciones.
Jesús, el Acostado de Dios, es la espléndida ocasión para cambiar dirección, para mutar la actitud interior desde las raíces más intimas y profundas del alma hasta las decisiones y las acciones de cada día. En este sentido Jesús es el Acostado de Dios que en la historia será motivo de caída para muchos, para todos aquellos que deliberadamente o menos han favorecido la siembra, la cultivación de los procedimientos de Satanás para lograr resultados en la política, en la ciencia, en la economía, en las relaciones, en las religiones. Para ellos Jesús no puede que ser motivo de caída, una caída devastadora, y aquello que caerá no podrá más levantarse.
Para todos aquellos que en este mundo engañado, a pesar de todo, han sido fieles a su propio corazón y a los procedimientos evangélicos para lograr resultados en cada ámbito de la vida y, aunque pagando con persecución y ridículo, han continuado a creer al amor y a la gracia de la vida, primero y sobre cualquier otro interés, para ellos Jesús no puede que ser resurrección, liberación de los yugos y de las opresiones.
Jesús es la Vía, la Vida, la Verdad, por esto Jesús, el Acostado de Dios, es y será siempre motivo de liberación para algunos y de contradicción y caída para otros.