Miércoles 30 Diciembre 2020

Dia 6° dentro de la octava de Navidad

Palabra del día
Evangelio de Lucas 2,36-40

Ana

Uno de los nombres más bellos y más reveladores de Jesús es Emmanuel, literalmente con nosotros está Dios. Emmanuel se relaciona espléndidamente con las palabras de Juan cuando, al comienzo de su Evangelio, anuncia Jesús como el Logos de Dios que (Juan 1,14) habitó entre nosostros. Aunque Jesús, al nacer, no encontró una grande hospitalidad por parte de los hombres, de todas formas él ha elegido encarnarse entre nosotros, instalar su tienda en medio de nuestra historia: Dios ha colocado su tienda entre nosotros, ha acampado entre nosotros.
Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, la profetisa de ochenta y cuatro años, que vive practicamente desde siempre en el templo para servir a Dios noche y día con ayunos y oraciones, se presenta exactamente en ese mismo momento, el momento en el que Jesús llega al templo en brazos de su Madre María. Ana se pone a alabar a Dios y habla a todos del niño como si lo conociera desde siempre. Explica cosas desconocidas, en el rostro de aquel niño indica el rostro cumplido de cada profecia y espera. Explica y revela que en aquel niño Dios se hizo carne, ha instalado su tienda, ha acampado aquí, entre nosotros, sobre esta tierra, entre los pliegues del corazón y de la historia humana.
Ana, esa bellísima abuela profetisa, toma en sus brazos a Jesús y enseña al mundo él que ha acampado para siempre entre nosotros. Quizás es sólo una agradable coincidencia, pero el nombre Ana, que normalmente se hace derivar del sustantivo hebreo chen, "gracia, benevolencia", es, en el sentido más amplio, una traslación del verbo hebreo channàh, "acamparse ante, doblarse, inclinarse", por lo tanto Ana significa literalmente Aquella que se acampa. La que acampa, que instala su tienda ante los pies de Dios, es la que acoge e indica al mundo Aquel que, para salvar y renovar la humanidad, acampa, que, para salvar y renovar la humanidad, instala su tienda entre nosotros.