Jueves 31 Diciembre 2020

Dia 7° dentro de la octava de Navidad

Palabra del día
Evangelio de Juan 1,1-18

Nuevo nombre

Juan anuncia Jesús al mundo con un nuevo nombre. Es un nombre que nace de su personalísima experiencia con Jesús, una experiencia singular y única, una experiencia de amor y complicidad, de unión y preferencia tan inexplicables cuanto potentes, tanto que el evangelio describe a Juan como el discípulo que Jesús amaba. No se nos ha dado a entender qué puede haber significado aquel amor especial, preferencial, indiscutible de Jesús para Juan; se nos ha dado sólo el imaginar qué pueda significar, tan sólo por un instante, la preferencia y la predilección de Aquel que es el amor mismo, la belleza innominable, la compasión infinita. ¿En cuáles océanos de eternidad puede conducir un sólo instante de su preferencia? ¿Qué habrá vivido y experimentado Juan, qué habrá entendido del corazón de Jesús, de su gloria divina, de su misericordia, de su luz, de su gracia, de su libertad, de su corazón íntimo pulsante, de su diálogo interior? No se nos ha dado el saberlo, pero aquel nombre bendito y único, nuevo y todavía desconocido, con el cual Juan nos cuenta y anuncia su Jesús, no puede ser que una sintética cuanto maravillosa traducción de toda su experiencia con Jesús: Lògos. Para Juan, Jesús es el Lògos de Dios hecho carne. Nosotros traducimos Lògos con Palabra. El Lògos griego corresponde al Davàr hebreo, un término que en el mundo bíblico se ha cargado de toda la fuerza vital y dinámica de la potencia creatora de Dios. Davàr expresa, al mismo tiempo, el movimiento creativo de Dios y el sonido, la vibración originaria, la Frecuencia Madre de la cual todo toma vida y movimiento.
En el seno del término Lògos, Juan reúne no sólo la palabra Davàr, con toda la potencia de su habitual significado bíblico, sino abraza también el significado de algo que ni siquiera el término hebreo podía expresar. Lògos, de la raíz leg-, tiene el fundamental de “recoger, reunir, dar un orden íntimo, poner de manifiesto un diálogo interior, unir”. Lògos es recoger para unificar.
Lògos es el diálogo interior, en ese caso el diálogo interior de Dios. Pero, ¿cuál puede ser el diálogo interior de Dios si no es el amor? Juan hace de este término Lògos el corazón mismo del himno sublime que marca el principio de su evangelio y en ese término revela y anuncia tres maravillosas realidades.
Primera. Anuncia al Mesías, al Cristo, al Unigénito del Dios Padre, con un nombre absolutamente nuevo e innovador, el Diálogo interior de Dios.
Segunda. Anuncia y manifiesta también la misión terrena del Mesías, su divina íntima identidad, la tarea que le ha dado el Padre de unificar y recoger en el amor y en el Espíritu Paráclito todos los seres del universo.
Tercera. Anuncia y revela su extraordinaria y única experiencia humana y espiritual con Jesús, una experiencia de amore y complicidad, de predilección y amorosa preferencia sin precedentes.