Jueves 21 Enero 2021

Sugunda semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Marcos 3,7-12

Echarse

Los hombres se arrojaban sobre él para tocarlo, literalmente, seguían echándose encima de Él para coserse juntos, anudarse y adherirle.
Se trata de los dos verbos griegos epipìpto, “caigo sobre, caigo encima, asalto, me echo con toda mi persona vertiginosamente encima” - a su vez compuesto por la preposición epì, “sobre, encima” y por el verbo pìpto, “caigo, me echo” – y àpto, aquí en forma media, “me uno, coso junto, ato, anudo; me pego, toco, adhiero, agarro, uno juntos”. Los hombres perciben que salud, paz, felicidad, bienestar, gozo, afectos, realización, amor, exactamente todo depende del grado de unión o del grado de separación que se tiene con Él.
Los demonios se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!»: los verbos son prospìpto “caigo al suelo” y kràzo, “grito”. Los diablos son los que mejor conocen a Jesús, tienen una perfecta conciencia de su origen y esencia. El verbo prospìpto, “llego a caer en, me dejo caer hacia, corro hacia, me postro ante, me echo suplicando a” está formado por pros “en, sobre” junto a pìpto, “caigo, me echo”. El verbo kràzo es un verbo onomatopéico. Es un croar, un graznar, más que un grito es un chillido, un chirrido, es como un gritar algo medio sacudidos por la emoción fuerte de aquello que se está diciendo, tanto que las palabras se anudan en la garganta. Es un grito entrecortado también por la importancia de las palabras que están en la boca.
Hombres y demonios ante Jesús se echan a sus pies. Es de cualquier manera todo y siempre un echarse por parte de todos en dirección de Jesús. Los hombres se echan encima para coserse a Él, para adherir a Él, para recibir su fuerza y su divina armonía sanadora; los espíritus malignos se echan al suelo ante sus pies, están obligados a hacer el acto de adoración y a gritar quién es Aquel que tienen por delante. La suya es una adoración paradoxal, es una adoración al revés, pero no pueden callar la potencia y la realidad de Aquel que tienen en frente. Gritan su desesperada, gutural adoración al revés porque también los demonios sienten que separados de Él no hay nada que tenga sentido de ser y de existir, sienten el terrorífico abismo de la separación de Él, pero saben, saben que para siempre no podrán más, nunca más, intentar unirse a Él.