Lunes 1 Marzo 2021

Segunda semana di Cuaresma

Palabra del día
Evangelio de Lucas 6,36-38

Creaturas

Aplastar y matar una araña nos es posible, no nos es posible devolverla a la vida, ¿por qué? No somos creadores, somos creaturas.
Hay fuerzas y energías que pertenecen a Dios y a Dios sólo, hay fuerzas y energías que pertenecen a Dios, pero que a Dios, le ha agradado compartir con el hombre, su creatura.
Jesús nos invita a no confundir entre las unas y las otras, es una confusión que denota ignorancia profunda, peligrosa arrogancia, mortal estupidez.
Jesús es claro. La misericordia es energía de Dios que Dios ha elegido compartir con el hombre, amar y donar es una energía de Dios que Dios ha elegido compartir con el hombre, perdonar es energía de Dios que Dios ha elegido compartir con el hombre.
Ser misericordiosos, amar, donar gratuitamente, perdonar son energías divinas que el Señor, en su amor por nosotros, ha elegido compartir con nosotros para que podamos compartirlas con los demás y el universo. Siendo energías y fuerzas que Dios ha elegido compartir con nosotros, Jesús nos invita a vivirlas y a desarrollarlas dentro de nosotros y fuera de nosotros y a hacer de esto el centro pulsante de nuestra vida. 

Juzgar es energía de Dios, le es posible sólo a Dios y Dios ha elegido no compartir esta posibilidad con sus creaturas humanas. Condenar es energía de Dios y Dios ha elegido no compartir esta posibilidad con el hombre.
Sólo y únicamente a Dios le es posible juzgar y condenar. Sólo Dios sabe todo desde siempre y para siempre, lo ve todo y toda cosa, conoce todos los enredos, las verdades, tiene presente todo y a todos en cada instante desde siempre, conoce desde las entrañas las intenciones, los deseos, los corazones, las almas, las índoles y las capacidades, los puntos de partida, los puntos de llegada, los sueños, las heridas, las inspiraciones y sólo él puede con justicia y precisión juzgar y condenar, si lo quiere.
Juzgar y condenar no es energía que Dios ha elegido compartir con el hombre y por eso el hombre no lo puede hacer, no en el sentido moral sino literal del término, no lo puede hacer en absoluto, no posee los requisitos y las capacidades. Es por eso que Jesús indica con tanta fuerza y claridad: No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados.
El hombre ha podido inventar cómo construirse los instrumentos para volar, pero el hombre, así como es, no sabe y no puede volar. Si un hombre se tira desde una cumbre hacia un abismo de mil metros y piensa no estrellarse en las rocas de abajo, porque piensa que puede volar, está loco, es un estúpido.
Es la misma cosa para quien, por una razón u otra, cree poder juzgar y condenar sólo porque su cerebro le ofrece la apariencia de poder hacerlo. Quienquiera que juzga y condena se pone en aquel instante en el lugar de Dios, a cumplir algo que Dios no ha querido compartir con el hombre. Es purísima, devastadora, monstruosa, arrogante locura y estupidez. A un hombre que se pone espiritual e intelectualmente así desenvueltamente en el lugar de Dios, en el juzgar y condenar su prójimo, el sentido común no le encomendaría ni siquiera el cuidado de una planta ornamental. Un día, cuando la mente humana concebirá la verdad de estas palabras de Jesús, un hombre no juzgará ni condenará a su prójimo ni siquiera si tuvieran que torturarlo para hacerlo.