Martes 2 Marzo 2021

Segunda semana de Cuaresma

Palabra del día
Evangelio de Mateo 23,1-12

La más alta

Desde que hemos dado las espaldas a Dios, las cátedras de la sapiencia inspirada se han transformado en hornos para convertir las mentes débiles de los pueblos y de las generaciones en ceniza. Desde que el hombre ha borrado el amor de Dios de su corazón, se ha permitido establecerse en los escaños del poder religioso y político para someter e insidiar la dignidad de los otros hombres. Desde que hemos elegido el poder en lugar del honor, la ambición transforma cada acción y ocasión en una posibilidad irrenunciable para tener éxito y multiplicar nuestra imagen en los espejos de las expectativas ajenas.
Desde que el hombre ha condenado a muerte a Jesús, en el corazón y en la mente no ve la hora de cubrirlo de ridículo, simplemente para sustituirse a él, y finalmente hacerse buscar, alabar y llamar maestro de la humanidad de parte de todos los demás, en cada ángulo de la tierra y de la historia.
Desde que el hombre ha dejado la casa del Padre, se ha adiestrado a llamar casa a las cajas de material variado en las cuales duerme y come. Desde que el hombre ha abandonado los brazos del Padre celestial, se ha convencido que tenga algún tipo de significado, honor y carácter sagrado llamar padre y madre a quien le ha transmitido la vida en la tierra.
Desde que el hombre ha traicionado la luz del Espíritu Paráclito, se ha arrogado por turno en la historia el derecho de hacerse pasar, él mismo, por guía iluminada de sus semejantes.
Desde que el hombre ha alejado de sí el rostro de Dios, se ha vaciado tanto de sí que ha transformado toda la vida en una frenética ocasión para ser grande, procurarse éxito, nombre, imagen y gloria.
Desde que el hombre ha escapado de la armonía divina, ha querido embriagar su corazón y su mente de cada ambición, éxito y vanidad posible y ha perdido la más alta forma de inteligencia, la más elevada posibilidad de comprensión, la más potente de las armonías interiores, la más profunda expresión del amor, la humildad. La humildad ya es, es siempre, y para siempre será, simplemente la más alta. Más alta que la razón, que las palabras, que los discursos, que las argumentaciones, que la inteligencia y se alcanza con un paso. Un solo pequeño paso, un paso hacia atrás, hacia sí mismo, dentro de sí mismo, mirando las estrellas.