Miércoles 26 Junio 2019

Duodécima semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Mateo 7,15-20

Fructificar y explotar

¿En qué se diferencia el falso profeta del profeta de Dios? El falso profeta necesita mostrarse a la gente como oveja para esconder su verdadera índole de lobo rapaz. ¿Por qué? Porque la verdadera naturaleza del falso profeta es explotar, explotar hasta los huesos y convenientemente todo y todos.
Explotar significa aventajarse a desventaja de los demás, cargar sobre otros lo que no se quiere tocar ni siquiera con un dedo, desangrar las energías de los demás para provecho propio, obtener comprometiendo la armonía de las fuerzas naturales, abusar del propio poder, aprovechar de la ignorancia de los demás, exprimir más allá de cualquier dignidad, hacer fructificar contra la compartición, la unidad y la justicia, succionar potencialidades de los demás para la propia vanidad, depauperar las energías de los demás por envidia y competición.
Ante los ojos del hombre, explotar a los demás, las situaciones, el poder es una manera para obtener para sí mismos frutos ventajosos para toda tipología de conveniencia, para fructificar intereses y riqueza. Según la mirada humana explotar es explotar-obtener fruto.
Y según Dios ¿qué significa explotar? Para entenderlo puede sernos útil la analogía del árbol de fruto que, en el momento en el que no produce fruto y consuma oxígeno, agua y un sitio en la tierra, se dice que está explotando el terreno, o sea que está inútilmente consumiendo energía y terreno sin producir nada que sea útil, ventajoso, fructuoso. Según la mirada de Dios quienquiera explote su propia existencia, sus propios dones, a los demás, las situaciones sólo para el propio provecho, explota inútilmente el terreno de la vida, es un hombre inútil, sin fruto, sin sentido. Según el evangelio quien explota, explota.
Para la mentalidad humana saber explotar es el comportamiento que denota mañas y astucia, según el corazón de Dios en cambio es un comportamiento que reduce la vida del hombre a un desgaste inútil e inutilizable y denota tanto estupidez como arrogancia. 
Los falsos profetas explotan la humanidad y no dan fruto para la humanidad. Los profetas de Dios se reconocen de sus  frutos, del aroma y de la fragancia del Espíritu que te dejan dentro y sobre la punta de la nariz, se reconocen del hecho de que lo que te revelan te calienta el corazón y te amplia la mente. Un profeta de Dios puede también equivocarse como se equivocan todos los hombres, pero no puede dar frutos malos y contra la humanidad. Mozart era un profeta de la música, su vida no era perfecta, pero su música sí, y ha abierto puertas armónicas y sonoras antes desconocidas e inéditas. Moisés era un asesino y el Señor le ha pedido que salvara a su pueblo. El rey David no era perfecto, pero la creación de sus salmos ha generado una nueva manera de rezar que utilizamos aún hoy, así como magnífica y poderosa era su música. Pablo de Tarso había hecho matar y lapidar centenares de cristianos y el Señor lo ha elegido como corazón pulsante de la primera evangelización para transbordar la iglesia más allá del primer siglo. Parece que el Señor, conociendo bien el corazón de sus hijos, privilegie un corazón profundamente enamorado de Él, aunque imperfecto, antes que el corazón no enamorado de un perfecto.