Martes 22 Septiembre 2020

Vigésima quinta semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 8,16-18

¿Injusticia?

Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener. ¿No se esconde quizás una profunda injusticia en esta afirmación? ¿No es raro que, en este caso, el evangelio enseñe a dar a quien ya tiene y a quitar a quien no tiene? ¿A qué se refiere Jesús? Jesús nos recuerda una realidad evidente muy olvidada: No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama. ¿Qué es la lámpara? La lámpara es la capacidad, la aptitud, la maestría, la dote, la facultad, el potencial, el recurso, la destreza, el genio, el talento, la predisposición, la inclinación, la propensión, en una palabra, los dones de Dios. Los dones que Dios Todopoderoso ha suministrado generosamente a cada hombre y cada mujer. Jesús nos recuerda que cada uno de nosotros, cada uno de los hijos de Dios es una lámpara, es decir ha nacido con unos dones y unas potencialidades particulares y dedicadas para iluminar este mundo, para hacerlo cada vez más fácil y hermoso para vivir y aumentar el verdadero bienestar y la paz. Cada hombre ha nacido para ser feliz y para hacer, con su vida, con su persona, con sus capacidades, más bella y agradable la vida de todos, y esto para gloria del Dios Altísimo. Cada hombre y cada mujer han nacido sobre esta tierra para ofrecer al mundo su parte de luz, para el bien de todos y la gloria de Dios. Es estupendo. Entonces, si un hombre, por ignorancia, bajo del peso del adestramiento, por pereza, por inedia, por miedo o porque está sumergido en la estupidez, en la revuelta, en el desafío, obcecado por la soberbia, por la ambición, por la vanidad o por la rabia, o porque es arrollado por la sed de posesión, vive esta vida, toda su vida, sin hacerse útil al verdadero bienestar y a la felicidad de todos, sin ser una lámpara, sin hacer y ofrecer su parte, sin poner a disposición de todos los dones que Dios le ha suministrado, es un hombre inútil e inutilizable, como inútil e inutilizable es una lámpara cubierta con un jarrón o puesta debajo de la cama. Un hombre o un grupo de hombres, que usan su luz, sus dones y sus capacidades sólo para ellos mismos, para su propio provecho, interés, riqueza, bienestar, o hasta para aplastar y explotar a los demás, es un hombre, es un grupo de hombres, inútil y a destiempo, como inútil y a destiempo es una lámpara que, destinada a dar luz sobre todos, es cubierta por un jarrón o puesta debajo de la cama. Aunque un hombre, utilizando las potencialidades que Dios le ha dado, se hace riquísimo y potente, y tuviera el mundo en su mano, sería de todas formas un hombre inútil y estúpido, como es inútil y estúpido poner una lámpara debajo de la cama. Un hombre así no ha donado nada de sí mismo y por lo tanto no es verdaderamente capaz de nada, no es un hombre capaz, es un incapaz. Incapaz en el sentido de no hábil, porque no ha logrado realizar sus dones en la dirección y para la razón por la cual estos habían sido ofrecidos por Dios. Incapaz también en el sentido de cabida, de posibilidad de ser llenado de otros dones y frutos de la vida. Sólo si has sido capaz de ofrecer la luz y el amor de tu lámpara, eres capaz de recibir la luz y el amor de Dios. Y esta ley de la lámpara vale para todos, y para cada ámbito de la vida. 
Jesús en esta página del evangelio, con el término lámpara se refiere por supuesto a todos los dones que Dios nos ha dado pero, para quien quiere entender un poquito más allá, se refiere de manera particular al don más grande de todos: el haber conocido a Él y a su Palabra, el haber encontrado la luz del conocimiento de los procedimientos evangélicos. El conocimiento de Jesús y de su Palabra, éste es el don que ofrece luz nueva y resplandor desconocido, sabiduría, extraordinaria eficacia y método divino para la utilización de todos los otros dones, para hacerlos fructificar al máximo para el bienestar de todos. Cubrir con un jarrón y poner debajo de la cama este don, esta estupenda oportunidad, y no poner esta lámpara sobre el candelero, no hacerla conocer a todos, para que haga luz a toda la casa del mundo, es inútil, tonto y signo de insuperable incapacidad de ofrecer y por lo tanto de recibir. Y ahí que se hace claro y para nada injusto lo que Jesús afirma: Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.