Viernes 14 Diciembre 2018

Segunda semana de Adviento

Palabra del día
Evangelio de Mateo 11,16-19

No se quienes son

Pero ¿Qué generación es esta?
¿Cómo piensa la gente de esta generación? Es una generación rara, ni siquiera es capaz aún de utilizar sus propias capacidades intelectuales y fisiológicas.
Tiene reacciones y conductas que ya no son del género humano. ¿A cuál género pertenece esta generación?
Esta generación ha podido conocer a Juan el Sumergidor, el más grande, evolucionado iluminado de esta tierra; ha podido ver y escuchar al hombre más santo, justo, puro, coherente, no violento, desprendido de cualquier poder humano, compromiso y vanagloria. Esta generación ha respondido a la voz de Juan, voz de Dios que grita en el desierto, ha respondido al don de Juan el Sumergidor, tachándolo de endemoniado, haciéndolo encadenar en una cárcel y luego decapitar.
Esta generación ha podido conocer y encontrar a Jesús el Hijo de Dios, el Hijo del Altísimo, ha podido escuchar su voz y cruzar en sus ojos la mirada misma de Dios.
Esta generación ha podido deleitarse de su afabilidad, la afabilidad de Dios que se sienta a la mesa con sus hijos, que toma su vino y canta con ellos las canciones de la fiesta. Esta generación ha podido ver los ojos de Jesús cargados de lágrimas, de compasión infinita, de ternura para todos; ha podido deleitarse de su familiaridad, su potencia libertadora en contra de todo mal, su absoluta no-violencia, su sabiduría sin precedentes.
Esta generación ha respondido a la voz y a la visita de Dios Jesús jovial y dulcísimo, tachándolo de hombre de prostitutas, glotón y borracho, un endemoniado; lo ha puesto en la cárcel, torturado, condenado a morir clavado en una cruz con una violencia atroz.
Pero ¿Qué generación es esta? Es absurdo, simplemente absurdo, una colosal tomada de pelo pensar y contarnos que el problema de esta generación es la falta de fe y de espiritualidad. A esta generación le falta inteligencia, no es capaz ni siquiera en el uso fisiológico de los procesos naturales del cerebro.
Dios ya no logra reconocernos, no sabe quienes nos hemos vuelto.
Sin embargo quien amablemente habrá dejado fluir sabiduría y misericordia en el corazón, evitando diligentemente violencia y estupidez, podrá reconocer en Jesús el Amor y la Luz que vienen del alto.