Viernes 22 Febrero 2019

Cátedra de San Pedro apóstol

Palabra del día
Evangelio de Mateo 16,13-19

Las llaves

Jesús entrega a Pedro y a la iglesia las llaves del reino de los cielos, y para reino de los cielos no se entiende únicamente el eterno paraíso de la luz, pero también aquella manera, aquella determinada manera de vivir sobre la tierra que Dios desea ofrecernos a través de los conocimientos evangélicos y la potencia del Espíritu. Si Jesús entrega unas llaves a Pedro y a la iglesia, significa que para acceder a aquella determinada manera de vivir en felicidad y en el bienestar que Dios desea para el hombre hay unas puertas que abrir, puertas que necesitan aquellas llaves para ser abiertas. Estas llaves están en el evangelio, son el evangelio mismo, son las llaves del conocimiento, son los nuevos e innovadores procedimientos espirituales y mentales de Jesús que, una vez conocidos y aprendidos, tienen el poder de modificar completamente la visión mental y espiritual de la vida. La tarea de custodiar estas llaves y de transmitirlas al corazón del hombre en la historia, la tarea de ser los porteros de la transparencia divina del Espíritu sobre la tierra ha sido entregada a la iglesia a servicio de toda la humanidad. 
Este poder divino es un servicio preciosísimo y delicadísimo, la más gigantesca de las responsabilidades, porque es en nombre de Dios y para el nombre del pueblo de Dios.
Son dos las tentaciones más venenosas que el maligno puede lanzar para los que tienen este servicio y esta tarea divina de custodiar y revelar a los hombres las llaves del reino de la felicidad, de la salud, de la paz. La primera tentación es la de transformar el servicio de inspirar la humanidad en un poder histérico y fanático, y está expresada en Lucas 11,46: ¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo! La segunda y más terrible tentación es la de mantener el monopolio de estos conocimientos y de esta potencia inspiradora, para tener la humanidad subyugada en la ignorancia, haciéndola fácil presa de la tiranía y de la magia; esta tentación está expresada en Mateo 23,13: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.
En el instante en el cual este servicio primario, bajo el peso de estas dos tentaciones, se transforma en razón de prestigio, vanagloria, poder, arrogancia, riqueza, prepotencia, Pedro y la iglesia pierden su sabor y su luz y no sirven para nada más que no sea ser pisoteados y rechazados por los hombres.