Viernes 6 Diciembre 2019

Primera semana de Adviento

Palabra del día
Evangelio de Mateo 9,27-31

Misericórdianos el deseo

"¿Creéis que puedo hacer esto?" Le dijeron "Sí, Señor"
He aquí la potencia del deseo. Dios no puede donarnos lo que no deseamos o que no somos capaces de recibir. No es suficiente ser ciegos para desear la vista. Para desear la vista, antes de todo, hay que aceptar el ser ciegos, aceptar en paz el ser ciegos, sin someterse a la ceguedad, sin resignarse a la ceguedad, sin nunca pensar mal de Dios, sin pensar mal de su justicia y de su amor por causa de nuestra ceguedad. Pensar mal de Dios cuando nos encontramos en dificuldades produce todas las emociones más tristes: ira, miedo, rencor, junto al deseo de desaparecer.
El Señor está listo para donarnos todo lo que necesitamos y todo lo que deseamos ardientemente y mucho, mucho más, más allá de toda nuestra imaginación, sólo si estamos preparados para recibirlo dentro de nuestro corazón.
¿Cómo podría el Señor llenar de alegría una copa ya llena de molestias?
¿Cómo podría el Señor llenar de armonía y salud una copa ya llena de división y rencor?
¿Cómo podría el Señor llenar de luz una copa ya llena de pensamientos oscuros?
¿Cómo podría el Señor llenar de fe una copa ya llena de pensamientos contra Dios?
Aceptar en paz e incluso con gratitud todo lo que nos ocurre significa vaciar la copa. Pero, ¿cómo podemos aprender a aceptar el presente, vaciando la copa de miedos, de los sentimientos de culpa, de rabias, de rencores, de molestias? Sólo con las fuerzas de nuestro pensamiento y del corazón es imposible. Hay que pedirlo incesantemente: Ten compasión de nosotros, ¡hijo de David!. Literalmente, misericórdianos.
Misericórdianos el corazón, la mente y el deseo, Señor.