Domingo 10 Febrero 2019

Quinto domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Palabra del día
Evangelio de Lucas 5,1-11

Aléjate

Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.
Perfecta descripción de la condición del hombre que se afana sin descanso en la noche de la ignorancia y del miedo, sin resultados, sin paz, sin real fruto de bienestar, sin armonía y sin la presencia de un atisbo de fe y de deseo todavía encendidos: si tú lo dices, echaré las redes.
La pesca es infructífera, porque la experiencia como pescadores no suple la falta de fe en el procedimiento divino, en aquella manera segura, en aquella manera cierta de hacer las cosas que asegura pescados, resultados y frutos según los deseos de Dios.
Navega mar adentro
dice Jesús, literalmente aléjate hacia lo profundo. Aléjate de la manera de pensar que restringe los deseos bajo la presión de los miedos y de los fracasos, que considera la vida un río enloquecido donde se puede sólo intentar nadar en manos del destino, a la merced de los accidentes, luchando en la competición para sacar adelante y sobrevivir sin autonomía y alegría.
Aléjate
de la manera de pensar que considera que se puedan alcanzar resultados y frutos según el cansancio y el deber y no según la alegría y la pasión que se ponen en hacer las cosas. Aléjate de la ribera de las convenciones y de las costumbres donde se enseña a desear en pequeño, sin visión, en la incapacidad de amar la verdadera riqueza y el verdadero bienestar del hombre. Aléjate de la imagen que los otros tienen de ti, de la imagen que deseas que los otros tengan de ti, de la imagen que tu tienes de ti, de la imagen que deseas tener de ti, de las expectativas tuyas y de los demás. Aléjate de la ribera de las modas, de las culturas, de las costumbres, de las ideologías que enseñan y obligan al hombre a ser y a quedarse mísero, indigente, siempre al límite, en tensión, en competición. Aléjate hacia lo profundo de tu alma, de tu ser, donde el Eterno entre venas y espíritu ha escrito en ti sus deseos, tu índole, tu identidad divina, su imagen y semejanza.
Aléjate
de la imagen y acércate a la Imagen. Aléjate del culto de la imagen para entrar en el profundo de la Imagen divina de tu ser.
Aléjate
del querer parecer forzosamente a alguien e incia a amar y a honrar la profunda semejanza tuya con Dios.
Después de siglos y milenios de noches fatigantes e infructíferas Jesús revela a un pescador, Pedro, que se volverá en la primera piedra de este Anuncio extraordinario, la manera cierta de reunir en la vida todo el bien, la nobleza, la belleza de la cual estamos hechos y a la cual pertenecemos.
Pedro y los compañeros sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. He aquí la majestad de Dios, he aquí la abundancia sin medida a medida de nuestro deseo y de su potencia.
Siempre en los milagros de Jesús el texto evangélico subraya la abundancia y la entereza del don. Esto para mostrar que el verdadero milagro no es sólo la intervención de Dios, sino también el deseo del hombre que, moviéndose en sintonía con el deseo de Dios, mueve y desentraña la infinita potencia de la energía divina que todo hace existir.