Jueves 3 Septiembre 2020

Vigésimosegunda semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 5,1-11

La barca

¿Para qué sirve la barca pesquera de Simón, que es un pescador? Sirve para ir en el mar a pescar peces, obvio. ¿Cuál es el trabajo, la ocupación de Pedro, que es un pescador desde que es niño? Pescar peces para ganarse la vida, obvio. Ante los ojos de Jesús aquellas barcas pesqueras acostadas a la orilla, ¿qué son y en qué se pueden convertir? Ante los ojos de Jesús, ¿quiénes son aquellos pescadores ocupados en lavar y en ordenar las redes sobre la ribera y en qué se pueden convertir? En Jesús, por Jesús, con Jesús la barca de Pedro allí acostada en la orilla ya no es una barca sino un arca, el arca nueva que contiene y transmite la Palabra, la Vía, la Verdad, la Vida, el Conocimiento, la Sabiduría, la Ley suprema, la Ley del Amor, los Procedimientos de la Vida para la vida. En Jesús, por Jesús, con Jesús la barca de Pedro se vuelve el arca de la nueva alianza entre Dios y el hombre, un radioso portal de luz para el encuentro entre el Hijo de Dios y el pueblo de Dios, es el medio de comunicación sublime a través del cual Jesús puede inspirar a los hombres y a las mujeres de la tierra a enamorarse de los procedimientos evangélicos para asegurarse una evolución espiritual y social maravillosa, para vivir en la felicidad y en la paz. En Jesús, por Jesús, con Jesús la barca de Pedro ya no sirve para pescar peces sino se vuelve un canal de luz, donde Dios encuentra al hombre y donde el hombre puede encontrar Dios, es un tabernáculo de comunión entre el hombre y su Señor, es la iglesia que conduce al hombre a Dios, la casa sin puertas, donde los hombres y las mujeres viven la comunión entre ellos y con la vida.
En Jesús, por Jesús, con Jesús aquellos pescadores agotados por el cansancio y oprimidos por la decepción por la pesca adversa de la noche, ocupados en lavar y ordenar las redes sobre la ribera, ya no son pescadores de peces, ya no más. Ahora, si Pedro y los compañeros aceptarán la invitación de Jesús, se volverán pescadores de hombres. Pescadores capaces de pescar hombres y mujeres de esta generación desde el fondo de la ignorancia, para elevarlos al conocimiento de Jesús y de su mensaje liberador. Pescadores capaces de pescar hombres y mujeres de esta generación del mar del engaño, para conducirlos a la luminosa potencia y a la verdad de los procedimientos evangélicos. Pescadores capaces de pescar a los hijos de Dios para llevarlos lejos del océano de las creencias humanas, donde la inducción forzada de pensamientos y sistemas mentales, que nada tienen que ver con la dignidad, la belleza, la libertad, la grandeza del hombre, ha sumergido la humanidad. Pescadores capaces de pescar los hijos de Dios y de liberarlos de los mares oscuros y de poco fiar de las persuasiones, persuasiones ocultas que solicitan el individuo a confiar el propio destino a un reducido grupo de financieros, ricos pudientes, políticos, representantes religiosos, militares así que este grupo perverso pueda, sin estorbos, perseguir los propios caprichos, la propia ilimitada avidez sobre la piel de la humanidad. Pedro y los compañeros no saben bien qué ocurrirá a ellos y a sus vidas, pero a la afirmación de Jesús no temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres su respuesta es un . Un sí tan vibrante de humana, genuina, sanguínea incertidumbre, cuanto potente e incandescente de entusiasmo apasionado, lleno de la ebriedad del Espíritu Paráclito, un que se traduce en las palabras: Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes. Pedro y los compañeros aceptan, responden a Jesús y es una respuesta digna de fe y de admiración, una respuesta sobre la cual la humanidad podrá contar con confianza plena y abandono total, porque Pedro y los compañeros hacen coincidir su al Maestro Jesús y a la humanidad con la elección de dejar todo. Dice el texto: ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
Los pescadores de hombres son tales sólo si, en nombre de su divino oficio, dejan todo y todos, pero precisamente todo y todos. No se puede ser pescadores de hombres según el corazón de Jesús permaneciendo conectados a la ambición, a la vanidad, a la imagen, al prestigio, al dominio, a la posesión de las cosas, al poder, a la familia de origen, a la reputación, a las comodidades, al éxito, a la aprobación. Los verdaderos pescadores de Jesús dejan todo lo que pertenece al poder y a la vanidad del mundo, son el arca de Dios en tierra, el arca que jamás será derrotada por la potencia de Satanás. Los otros, aun si se adornan del nombre de pescadores del Maestro, son impostores que han transformado la iglesia, la barca-arca del Señor, en un transatlántico de poder y de dominio, que está rápidamente navegando hacia un escollo que aflora apenas del agua. Cuando la iglesia-transatlántico se estrellará sobre el escollo, pequeña será la hendedura, pero impresionante por toda mente humana será asistir a la rapidez y a la violencia con la cual hundirá. Es de este transatlántico religioso que Juan en Apocalipsis 18,10 profetiza el fin cuando dice: se lamentarán por ella, manteniéndose a distancia ante el horror de sus tormentos: «¡Ay, ay! ¡La gran Ciudad, Babilonia, la ciudad poderosa! Bastó una hora para que recibieras tu castigo», y aún escribe en el versículo 16: ¡Ay, ay! ¡La gran Ciudad! Estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas, y aún en el versículo 19: Y echándose tierra sobre su cabeza, llorando y lamentándose, decían: «¡Ay, ay! ¡La gran ciudad! Con su opulencia se enriquecieron todos los que poseían barcos en el mar. ¡Y en una hora ha sido arrasada!».
La barca de Pedro conducirá la humanidad al encuentro con el Señor que esta regresando y del transatlántico del poder religioso no quedará ni siquiera el recuerdo.