Viernes 4 Septiembre 2020

Vigésimosegunda semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Lucas 5,33-39

Pueblo Nuevo

Dios necesita un pueblo nuevo. Si Dios desea verter en los corazones y en las mentes el vino nuevo de los nuevos conocimientos, para el bienestar y la felicidad de todos, no puede hacerlo dentro de corazones y mentes viejos, cristalizados por los prejuicios, debilitados por la ignorancia, endurecidos por la arrogancia y por las convenciones. No puede hacerlo, porque las viejas mentes se harían añicos y la riqueza de sus dones se vertería y perdería.
Dios necesita un pueblo nuevo que no se esconda más delante de los desafíos increíbles de nuestro tiempo, detrás de antiguas tradiciones, graníticas certezas y falacias convenciones, sino que sea capaz de dialogar con todo el hombre y con todos los hombres para el verdadero bien de la humanidad. Dios necesita un pueblo nuevo, sabio y prudente al mismo tiempo, que ame lo inédito como el alba, y honre y defienda dondequiera la profecía, tratando las perspectivas diferentes siempre con respeto y honestidad intelectual. Dios necesita un pueblo nuevo vestido de los trajes nuevos del amor, de la fiesta y de la gratitud y ya no de las túnicas grises y opresivas del deber, de la ignorancia y del miedo. Dios necesita un pueblo nuevo que tenga el corazón fuerte y fragante y la mente elástica y resistente como los haces de roble de los mejores odres recién construidos. Dios necesita un pueblo nuevo porque el Espíritu Paráclito está listo para revestir la desnudez de su pueblo con trajes de resplandor nunca antes visto. Dios necesita un pueblo nuevo porque el Paráclito está listo para verter en la mente y en el corazón de la gente el vino nuevo de la sabiduría y del conocimiento de cosas nunca oídas ni conocidas, el vino poderoso e imparable de la novedad y de la fantasía de Dios, el vino generoso y dulcísimo de la fragancia de la Palabra de Jesús que ahora hace nuevas todas las cosas. El pueblo nuevo de Dios no nace de jerarquías terrestres, no sale tampoco de grietas humanas, no está generado por carne y voluntad humana, sino está generado por potencia de Santo Paráclito, el Espíritu de la Vida, por la compasión y por la misericordia de las vísceras del Padre, y guiado por el Señor, el Pastor Bello.