Domingo 13 Septiembre 2020

Vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Palabra del día
Evangelio de Lucas 15,1-32

Canta

El amor te abraza cuando llegas y te abraza cuando quieres irte. El amor te espera siempre pero no te retiene.
Cuando te vas, el amor te echa de menos infinitamente, pero el amor no se hace faltar jamás. Sin amor debes mendigar amor, el amor no te mendiga jamás.
El amor va en busca de ti día y noche, y cuando te encuentra se alegra grandemente pero no te hace seña de ir, no te da prisa, no arrastra, no fuerza, no liga, no pretende. Te hace saber que está, que te ha encontrado y está feliz, es suficiente. Si quieres volver, el amor te lleva a hombros, no hay otra manera para volver. El amor sabe la fatiga que has hecho para marcharte, sabe de tus heridas, sabe de todas tus llagas, sabe de todas tus vergüenzas, sabe y no quiere que te canses más. El amor es rico y quiere que por lo menos en el camino de la vuelta viajes cómodo en sus hombros. Quien vuelve al amor lo hace siempre, siempre, siempre en sus hombros. 
Según el vocabulario del amor quien se va del amor está perdido en cualquier lugar haya ido a parar y no hace falta ir lejos. Lejos del amor, aun si sabes perfectamente donde estás yendo, estás perdido,  te has perdido, has perdido el camino. 
Si quieres irte, el amor te deja ir, no te detiene, no te bloquea. Si quieres irte, el amor no chantajea, no deshereda.
El amor no amenaza, no quita los privilegios, es más te dona también aquellos que todavía no tenías. Si te vas, el amor te sigue desde lejos, siente todo lo que pruebas pero no se sustituye a ti, nunca. Si deslizas en una pocilga, el amor no viene a recogerte, sino canta, canta más fuerte. El amor para salvarte te canta dentro. Es con la música de su canto que el amor salvará el mundo. 
Si te pones en jaula, no viene a abrirte la celda, sino canta más fuerte. Si te anulas y te pierdes, si eres ignorante y mísero, no te hace la lección, no argumenta, sino canta más fuerte. Para buscarte el amor canta más fuerte, más fuerte dentro de ti la música que sólo él conoce, la música irresistible de la unión, de la unidad más allá de toda separación, Canta, canta más fuerte, te canta más fuerte dentro y todas las noches mira el camino del regreso, todas las noches, todas las noches. En el día del amor hay una noche en cada instante. 
El amor no tiene prisa, pero no pierde un segundo, no duerme nunca, pero no se agita. Cuando vuelves, el amor ya está allá. No quiere justificaciones y discursos, quiere fiesta, siempre y sólo fiesta, honor y majestad. 
El amor se conmueve porque te echa de menos siempre tanto que casi no logra respirar, el amor se conmueve porque te conoce. Sólo el amor te conoce realmente y sabe cuan bello y amable eres, sabe cual ser extraordinario eres.
Sólo cuando te abraza el respiro del amor se hace pleno. El amor corre hacia ti, es más, ya está donde te has perdido. Sólo el amor sabe que no hay lugar donde el amor no está porque no hay lugar si no está el amor. Por cuanto lejos te has ido, para el amor no es lejos porque no hay lugares más allá de la tierra del amor. Por cuanto lejos estés, eres sólo una transparencia más allá, el amor lo sabe. 
El amor es rico, riquísimo. Para ti quiere lo mejor, siempre y para siempre las mejores vestimentas, el anillo real al dedo, el banquete más abundante, la ternera gorda. El amor no conoce miseria, no conoce el deber. Nada es deber para el amor, todo es fiesta. El amor no se contenta con las medidas de la ley, de la penuria y de la obligación. 
El amor se alegra para ti, con ti, en ti.
El amor no distingue entre legítimo e ilegítimo, entre pertenencia y no pertenencia, entre confines y privilegios. El amor siente sólo que estabas muerto y ahora estás vivo, siente y conoce sólo que estabas perdido y ahora te has vuelto a encontrar, que estabas triste y ahora eres feliz.
Casi de noche en el eterno banquete, el amor se ceñirá las vestimentas y te preguntará qué prefieres para la cena y luego el amor pasará a servirte, a servir a ti.