Domingo 10 Enero 2021

Bautismo del Señor – Ciclo B

Palabra del día
Evangelio de Marcos 1,7-11

Sumérgete

Sumerge tu diálogo interior en el miedo.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de perder aquello a lo cual estás apegado.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de no ser comprendido.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de no comprender.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de equivocarte.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de aquello que dirán los demás.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo al futuro o en los sentimientos de culpa por el pasado.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de no tener lo suficiente.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de Dios.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de ti mismo.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de la vida.
Sumerge tu diálogo interior en el miedo de los demás.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza de que puedes desprenderte de aquello que tienes miedo de perder y continuar a amar inclusive más que antes.
Sumerge, de todos modos, sumerge.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza de que aún cuando no te comprenden, tú, de todas maneras, puedes buscar de comprender a los demás, aunque no estés de acuerdo con ellos.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza de que uno puede equivocarse y empezar de nuevo, pedir perdón y partir nuevamente con más fuerza y entusiasmo.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza de que aquello que piensan y dicen los demás no es minimamente paragonable con aquello que piensa y dice Dios de ti y de la vida.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza de que existe sólo el presente, que tienes la fuerza para afrontar sólo aquello, porque sólo aquello existe.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza, la providencia pensará siempre en ti si tu pensarás un poco más a las necesidades de los demás.
Sumerge tu diálogo interior en la confianza en Dios, en ti mismo, en los demás, en la vida.
Sumerge, de todos modos, sumerge.
He aquí sumérgete donde deseas, donde puedes, donde tienes ganas, donde te empuja tu rabia o tu capacidad de perdonar y de pedir perdón, y experimenta, por ti mismo, si cambia y qué cambia en tu vida.
De cualquier modo te sumerges, te bautizas cada día.
De cualquier modo te consagras [1] cada instante al amor o al miedo, al conflicto o al no conflicto, a Dios o a la nada, a la vida o a la muerte.
Si te sumerges en Dios, como Jesús, la Paloma del Espíritu te protegerá con sus grandes alas [2], y Dios dirá de ti: "En mi Hijo tu eres mi hijo que amo". Si te sumerges en el miedo y en la rabia bajarán sobre ti otras alas, las alas negras, oscuras del buitre, del señor de los ángeles caídos.

 

[1] Del latín con-secràre, compuesto de cum, “con, junto” y sacràre, verbo que se origina de la raíz indoeuropea sak/sag, con el significato de “pegar, adherir, atar”. Consagrarse es atarse, encolarse hasta la adhesión total de todo nuestro ser a algo, separándose completamente de otra cosa.

[2] Frecuentísimas, sobretodo en los Salmos, son las imágenes bíblicas en las cuales el hombre busca y encuentra refugio bajo las grandes alas de Dios. Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas (Salmo 17,8). ¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Por eso los hombres se refugian a la sombra de tus alas (Salmo 36,8). Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad, porque mi alma se refugia en ti; yo me refugio a la sombra de tus alas hasta que pase la desgracia (Salmo 57,2). ¡Que yo sea siempre un huésped en tu Carpa y pueda refugiarme al amparo de tus alas! (Sal 61,5). Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas (Salmo 63,8). Te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas. Su brazo es escudo y coraza (Salmo 91,4).