Martes 6 Abril 2021

Martes de la octava de Pascua

Palabra del día
Evangelio de Juan 20,11-18

¿Por qué lloras, María?

María, tu lloras porque sigues mirando el sepulcro vacío y sigues agachando tu mente hacia el vacío que hay y que no debería haber, lloras porque quieres entender el motivo y no aceptas aquello que ves, no logras hacerlo entrar en tu sistema mental. Lloras porque sigues pensando que el único motivo plausible de aquel sepulcro vacío sea que alguien haya robado a tu Señor y, ni siquiera por un instante, te ha rozado la idea que el sepulcro pueda estar vacío porque Él, el Señor, el Resucitado, se ha retomado la vida y Él, el Dios viviente, cierto no podía quedarse más tiempo en aquel lugar de muerte, como había anunciado y dicho muchas veces.  Lloras porque amas al Señor con el corazón pero todavía no confías totalmente en Él y en su Palabra, en sus procedimientos, en práctica estás todavía en revuelta hacia un presente que no entiendes, que no aceptas, que no quieres. Lloras porque estás reteniendo dentro de ti la idea de un Señor que, en la lucha con el mal, todo ha amado y perdonado en su majestad infinita, pero ha perdido, ha perdido miserablemente. De esta manera tu también, María, lo has perdido y por esto te sientes perdida, vacía, traicionada. Lloras porque estás reteniendo dentro de tu mente la idea de un Señor irreal que tenía que actuar y ser como tu lo habías imaginado. Estás reteniendo dentro de ti la herida de una pérdida, la angustia de una profunda traición, el desprecio inexplicable de aquella muerte violenta y absurda, y tu terrible e insuperable soledad. Lloras porque aquel sepulcro vacío para ti es un tirón inconcebible para tu mente y todavía no has entendido que, en cambio, es el vínculo de unidad suprema. Aquel sepulcro vacío dice que Él no te dejará nunca, dice unidad total y sin fin con Él. Lloras porque aquel sepulcro vacío para ti es sinónimo de la esclavitud de la muerte y de la victoria violenta del mal y todavía no has entendido que, en cambio, es el signo de la liberación total del hombre del miedo y de la muerte.
Vuélvete, María, vuélvete y mira a Aquel que amabas pero ahora no logras siquiera reconocer porque no es el señor construido en tu mente. Vuélvete, María, hacia Él tal como Él es, y escucha su voz. Él te llama siempre por nombre, y nunca para conducirte donde tu puedes pensar e imaginar. No pienses, María, no pienses nunca de poderlo retener, parar, prever. No llores, María, el consejo de los poderosos no ha podido detenerlo, ni doblegarlo la traición de los amigos, ni aplastarlo la tortura, ni ha podido retenerlo un sepulcro. No llores, María, a tu Señor nadie lo puede detener y él vendrá siempre hacia ti para unirse a ti, y con él a tu lado procederás con todos tus hermanos hacia el Padre del cielo.